Llegaste una tarde de domingo sin previo aviso, sin conocerte trate de ocultarme pero no pudo ser, haciéndome la dormida me dirigí a dónde estabas y de pronto, mis ojos se iluminaron y fue imposible dejar de mirar esos tiernos ojos, esos mismos que me dejaron anonadada en tu leve sonrisa. Fue incontrolable mi nerviosismo, cuando tu voz se dirigía hacia mi, mi valor no era suficiente para volver a ver esos ojos, ya que veía toda su vida, todos tus secretos. Pero de un momento a otro te fuiste como llegaste y me dejaste sola y solo me diste una sonrisa de despedida, ese era el momento que menos quería, sabía que si salías por esa puerta, no te vería jamás.
Luego de eso, me tiré en la cama a pensar en ti, a imaginar mi vida contigo, con esos ojos que me ilusionaron, que volvieron a abrir los míos, los que ahora desean volver a verlos una vez más. Es por eso que no te iba a dejar, fui para donde podrías estar, vi a tu padre, tu madre incluso tu hermano, pero no logre verte a ti. Mientras más pasaba el tiempo más me desilusionaba de haber ido, bebía y bebía más vino, esperándote ahí sentada junto al muro, dejándome dominar por la música, por tu voz. Y de pronto apareces tu, y todo regresa a como me dejaste aquel domingo, anonadada una vez más, sin valentía a mirarte fijamente y ver lo tan hermoso que eres, no te imaginas cuanto desee que me vieras y dijeras lo mismo que yo, deseaba que llegaras a saludarme, a hablar conmigo y luego raptarme para no volver. Pero no fue así, por que justo apareció lo que no quería ver, oír ni menos sentir. Llegó la persona que amas, tu compañera, mi reemplazo y en un segundo mi corazón se derrumbo en mil pedazos, mis deseos desaparecieron, las ganas de llorar estuvieron, te miraba y tu no, solo le regalabas esos ojos a ella. Quería que me dieras una última mirada más, para cerrar lo que de un principio me hiciste sentir. Fue ahí cuando por un segundo te miré y me estabas observando y de inmediato levantaste los trozos de mi corazón y los volviste a unir y con una sonrisa volvió a latir, ya no mirabas a ella, solo a mí. La abrazabas pero tus ojos estaban en mí. Se que estaban en mi. Por que desde el momento en que nos cruzamos las miradas supe que esto… era un amor a primera vista.
domingo, 16 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario