domingo, 16 de agosto de 2009
Lo Evidente
Era una noche fría y oscura, estábamos a la luz de las velas con un cigarro encendido y un trago en mano. Tu brazo cruzaba mi espalda, entregando un calor tímido pero agradable. Un rato después fuimos a la playa, a ver como la luna vestía de plateado la turbia agua que se movía y bailaba al compás de esa brisa que rozaba nuestras caras. En ese entonces filosofías de vida se enlazaron, el mismo momento donde nos fuimos entendiendo. Una voz, un leve susurro en el oído que de fondo se escuchaban aves llorar, miramos para todos lados, buscándolos a ellos, pero nada vimos, lentamente de un miedo profundo nació un beso, algo mezquino, pero dulce y tierno. De Regreso a la casa, con la mirada hacia abajo, escuchamos como en los rincones empolvados reía la gente, un No rotundo gritamos al cielo, pero nadie nos escuchó, nadie nos creyó, era tan evidente.
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